Como siempre, queridos lectores, sois mi fuente de inspiración.
A raíz de un comentario anterior habéis conseguido que surja en mi una gran incógnita... una pequeña disonancia, que se diría en filosofía.
¿Qué pasaría si todas las campañas fuesen impresionantes, creativas, transgresoras y mediáticas?
En cuanto se pone un pie en el incruento mundo de la publicidad se toma conciencia de dos cosas: la primera es que el cambio y la evolución están a la orden del día; la segunda es que siempre hay que"luchar" por ser el más creativo.Esas son casi las dos máximas que un creativo tiene que tener en mente.
Cuando se conjugan y se tiene éxito surgen campañas brillantes y llamativas por lo extraño o inesperado de su propuesta, por la curiosidad que desatan y por la espontaneidad de su creatividad. Son únicas; muy pocos - a veces, con suerte, nadie- había hecho antes algo parecido.
Pero es posible que tanta creatividad vuelva a molestar al consumidor y volver a saturar el mercado, y esta vez de forma irremediable.
No debemos abusar de los gustos de nuestros clientes, de lo que les gusta que les sorprendamos porque, haciendo alusión a un gran refrán: "Lo poco gusta y lo mucho cansa". Al competir todas las marcas - las cientos de miles de marcas-por un lugar en la mente del consumidor, provocan un flujo constante de ideas, a cual más buena y novedosa, con el fin de ganar afiliados y seguidores - prescriptores, que también se les puede llamar.
Esto es sencillo: si somos los únicos en hacerlo de esta forma, siguiendo el borrador de las pautas de esta "Nueva Escuela" de Publicidad tenemos el éxito asegurado... o por lo menos el recuerdo, pero si esto se magnifica volveremos a ser uno más entre la multitud. Sí es cierto que todo será innovador, que las marcas formaran parte de la vida de las personas... pero debemos tener en mente qué tipo de miembro podemos ser:
- El cabeza de familia, al que todos recurren para cualquier cosa.
- El tío lejano,ése que viene sólo por Navidad, aunque le queremos mucho.
- El niño pequeño y pesado de la familia, que sí, es muy rico y dulce y lo que quieras, pero después de una larga tarde de "hazme casito" sólo queremos que se calle y nos deje en paz.
- El difunto, el que ya no está porque nos dejó, un día desapareció y sí, guardamos gratos recuerdos de él, de lo que hacía y decía... pero ya son sólo recuerdos.
Es un reto para las marcas ubicarse bien, escoger bien qué lugar quieren tener en este nuevo mercado, de cara a esta nueva sociedad, porque, lectores, entre el niño y el difunto, sólo hay un paso.
Pese a esto defiendo lo indefendible y me niego a negar lo innegable:
La Creatividad dominará el mundo.
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